El ajo, propiedades medicinales de este bulbo milenario

propiedades del ajo

El cultivo del ajo (Allium sativum) se remonta a los tiempos más antiguos de la humanidad.

Fueron los egipcios los primeros en comprender las propiedades curativas de la planta. Ya desde entonces se encontró que los esclavos egipcios que trabajaban en la construcción de las pirámides consumían grandes cantidades de ajo para fortificarse.

La relación de los egipcios con esta planta iba un poco más allá: se encontraron bulbos en la tumba de Tutankamon, cuya probable función era alejar a los espíritus malignos.

El ajo siempre encerró un halo de misticismo que lo convirtió en un protector contra las malas vibraciones, los espíritus y hasta los vampiros.

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En Grecia y Roma era considerado un afrodisíaco que se utilizaba para mejorar la función sexual. Los griegos lo consumían machacado, hervido, e incluso incorporado al vino que bebían, para prevenir infecciones y acelerar la recuperación de los enfermos.

Los soldados romanos preparaban una pasta con ajo triturado y aceite de oliva y la untaban sobre el pan, para tener más energía.

También los monjes tibetanos lo tenían en cuenta y lo utilizaban en una cura de 12 días, a la que se conoce como “cura tibetana del ajo”.

En la Edad Media se empleó el ajo para librarse de vampiros, brujas y malos espíritus.

Hacia el 1600, el médico inglés Nicholas Culpepper (1616-1654), aseguraba que el ajo podía curar todas las enfermedades y la recomendaba para curar el resfrío, la bronquitis, la tos y el asma, y aclarar la voz, aclarando sin embargo que su mayor beneficio consistía en su potencial para combatir las infecciones.

Durante la Primera Guerra Mundial, el ajo se utilizó para desinfectar heridas cuando no había disponibilidad de antisépticos convencionales.

Todas las propiedades del ajo

La composición química del ajo es increíblemente compleja. Respecto a los nutrientes de este vegetal, se destaca más por su contenido de oligoelementos que por sus vitaminas.

Este bulbo es rico en tres minerales esenciales para el organismo: potasio, germanio y azufre.

Contiene además hierro, calcio, sodio, magnesio, selenio y zinc.

Hasta ahora, se han encontrado en el ajo los siguientes efectos medicinales:

  • Antibiótico y antimicótico: la ingesta habitual de ajo refuerza el sistema inmunológico ya que estimula la producción de glóbulos blancos y de interleukina-2, que ayuda al hígado a liberarse de sustancias tóxicas. Si se lo aplica de forma tópica, impide el desarrollo de los hongos de la piel.
  • Antifebril, expectorante, estimulante y diurético: las reconocidas propiedades medicinales del ajo en estos aspectos pueden ser incorporadas a través de la ingesta del denominado “jarabe de ajo”.
  • Previene la hipertensión y la mala circulación: el ajo contribuye a mantener la presión arterial dentro de los valores normales gracias a su acción hipotensora. Por otra parte, previene la arterioesclerosis y la obstrucción de las arterias. Al mismo tiempo, este efecto favorece la irrigación general, lo que facilita el transporte de nutrientes y oxígeno a todas las células del organismo.
  • Disminuye el colesterol y las grasas: el ajo también hace disminuir la concentración en sangre de ciertas sustancias, como el colesterol, la glucosa (cuyo exceso deviene en diabetes), y los triglicéridos (grasas). El ajo
  • Ayuda en cuadros de encefalitis: la encefalitis es un cuadro inflamatorio del cerebro producido por la infección que genera el virus de la meningitis, el del herpes simple, u otros de similar gravedad. Los compuestos de azufre presentes en el ajo actúan sobre las zonas del cerebro y la médula más afectadas en esta clase de infección.
  • Recomendado en casos de diabetes: para tal fin, se aconseja tomar unos 50 mg de ajo por kilo de peso. Recuerde que el ajo se comercializa en pastillas.
  • Es un aliado contra los parásitos intestinales: la terapia con ajo y cebolla crudos ha demostrado ser muy útil en el tratamiento de algunos pacientes con parásitos intestinales. Los vahos producidos por los compuestos azufrados del ajo son capaces de inmovilizar a estos parásitos y de «contaminar» la sangre circundante, de la cual obtienen sus nutrientes. Este estado temporal de parálisis no les permite sujetarse a las paredes del intestino, y por lo tanto la persona afectada puede arrastrarlos al exterior a través del proceso normal de eliminación de materia fecal.
  • Antibacteriano natural: En pruebas de laboratorio el ajo ha sido efectivo contra el herpes hominis tipo I, y una sustancia llamada alicina, presente en el aceite de ajo ha sido también efectiva contra las bacterias salmonella, proteus vulgaris y klebsiella pneumoniae.
  • Favorece al aparato digestivo: el ajo evita las náuseas y estimula la acción de los jugos digestivos, ayudando a mejorar la digestión de los alimentos.
  • Posible acción contra el cáncer: ensayos practicados en Estados Unidos afirman que las enzimas de ajo demoran y evitan la aparición de tumores malignos.

Formas de consumir el ajo

Aunque existen muchas recetas con ajo especialmente diseñadas para mejorar la salud, basta con consumir uno o dos dientes (unos 9 g) al día para aprovechar sus propiedades terapéuticas, principalmente en el sistema cardiovascular. Se recomiendan similares cantidades para evitar y tratar infecciones. Lo ideal es cortar los dientes en pequeños trozos e ingerirlos con un vaso de agua.

Formas de consumir el ajo

También es posible encontrarlo concentrado en forma de cápsulas de gelatina que se consiguen en los negocios naturistas y farmacias, siendo económicas y fáciles de digerir. Resultan efectivas para ayudar en el tratamiento de la diabetes. Por su poder reductor de las grasas y los triglicéridos en sangre, se indican para contribuir a regular los casos de hipercolesterolemia y aterosclerosis.

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